Y así se acaba la temporada, con una victoria.

Por Nerea Dasilva

Como las dudas del principio de temporada -cuando honestamente no teníamos claro ni que fuésemos a poder jugar- fueron creciendo y transformándose hasta llegar a ser la ilusión de una fase de ascenso, probablemente nunca lo sabremos, pero así hemos acabado: en la otra punta de España, rodeadas de equipos que sacaron todo lo que tenían al campo para poder conseguir el ansiado ascenso a DHB.

Las dos semanas previas al torneo fueron de muchísima preparación tanto práctica como teórica: estructuras, jugadas, vídeos perfectamente comentados y analizados, entrenamientos en oposición contra los chicos para mejorar la circulación en el campo. Todo un despliegue de medios y esfuerzos con un objetivo final en mente: Donostia.

Salimos del Valle de las Cañas la tarde del viernes, sabiendo que sería un fin de semana inolvidable para todos los que viajábamos: jugadoras, exjugadoras, entrenadores, delegadas, y también aquellas compañeras que aunque no estaban físicamente con nosotras, nos acompañaban a cada momento. Llegábamos ya caída la noche a Donostia, e incluso desde el hotel podíamos ver el miniestadio de Anoeta, donde tendría lugar el torneo a lo largo del sábado y el domingo. Tres partidos de cuarenta minutos de fase de grupos y, si el resultado era favorable, una final.

Nuestro primer rival fue el Barça Rugby, en un partido que se hubiese planteado complicado incluso sin los nervios. Las de Barcelona salieron al campo con mucha fuerza, consiguiendo dos ensayos y dejando el marcador en 12-0 a solamente diez minutos del final; en lo que ya parecía una derrota inminente. Sin embargo, supimos darle la vuelta. Un espectacular ensayo de Sara que rompía la defensa blaugrana nos daba un respiro, y con él, los últimos diez minutos de juego. Nos mantuvimos en su veintidós, peleando con fuerza varias fases de melé y permitiendo que a unos segundos del final, nuestra Pat nos diese un segundo ensayo que cerraba el encuentro en un ajustado 12-10. Y sí, no fue una victoria, pero demostró lo que ya sabíamos pero no terminábamos de creernos: que podíamos plantar cara, que sabemos jugar al rugby.

El segundo partido de ese primer día de torneo tuvo lugar a primera hora de la tarde contra las chicas del Turia, que llegaron a la competición muy fuertes y demostrando que iban a por todas.  Rápidas y organizadas nos lo pusieron especialmente difícil; lo que hizo que el espectacular ensayo de Ani en una ruptura de su defensa que no fueron capaces de parar fuese especialmente dulce. El encuentro se cerraba en un 5-33 a favor de las de Valencia.

Así acababa el primer día de competición. Con dos derrotas sabíamos que el ascenso ya no era una opción para nosotras, pero eso no iba a hacernos bajar los brazos. Estábamos ilusionadas por haber podido seguir jugando, por haber demostrado garra y equipo en el campo; y queríamos que eso continuase en nuestro último encuentro contra las chicas del Escorionas. El domingo amaneció más benevolente, fresco y nublado, y salimos al campo con muchísimas ganas de seguir jugando. Las de Granada dejaron claro que no iban a ponérnoslo fácil, con una férrea defensa que nos mantuvo en ataque en su campo durante prácticamente la totalidad de la primera mitad de partido sin lograr anotar. Afortunadamente, un brutal ensayo de Paloma que transformaba Pat nos daba un 0-7 de ventaja en el marcador al filo del descanso. Las de Granada ensayaban en la segunda parte, pero fallaban la patada, cerrando así el encuentro en una victoria por 5-7.

Debido a los resultados de la fase de grupos no nos clasificamos para seguir avanzando, pero sí disfrutamos de una espectacular final entre las chicas del Turia y las Pingüinas de Burgos, que finalmente ganaron las de Valencia, llevándose un muy merecido ascenso a casa después de una impecable trayectoria en todo el torneo. Y aunque creíamos que nuestros éxitos en Donostia ya habían terminado, la última alegría nos la daban esa tarde los organizadores nombrando a dos de nuestras jugadoras, Pat y Cris, uno y medio melé del torneo; un reconocimiento que nos alegra inmensamente, pero que a las que compartimos campo con ellas no nos sorprende ni un poquito.

Y así se cerraba la fase de ascenso a División de Honor B para las chicas de Pozuelo, con mucho que contar. Los nervios del primer partido, la superación de la frustración del segundo ante un rival muy superior, la luchadísima victoria del último. Las sensaciones dentro y fuera del campo, en la grada, el espíritu y las ganas. La activación fuera del estadio, los calentamientos, la visita a la playa de Ondarreta del sábado, juntas. Como equipo. Nos decía nuestra María Casado en sus reflexiones sobre el torneo que al final, lo que nos hace fuertes es ser equipo; y no sólo fuimos equipo durante toda la fase de ascenso, sino que volvimos de ella más fuertes que nunca.

Yo rompo hoy la cuarta pared por primera vez -después de casi dos temporadas de crónicas- para deciros que, por nuestra parte, hemos ganado. Y es que, en las palabras literales que nos dedicó nuestra capitana, Clau, en el camino de vuelta; el ascenso no se habrá vuelto con nosotras a Madrid, pero el premio nos lo hemos llevado todas.